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Dos pasiones: Música y software libre

Hace poco me hacían algunas preguntas sobre música, ezines, y software libre (bueno de esto empecé yo a hablar por las buenas); copio aquí algunas respuestas que dí, ejerciendo uno de mis deportes favoritos, el de citarme a mi mismo, oficio bien aprendido de ilustres maestros.

Sobre alguna web que creé en el pasado…

Siempre me ha parecido que a la prensa musical “clásica” le faltaba (y le falta) algo de pasión, conexión con sus lectores, humildad y todas esas milongas. En definitiva: era aburrida. Lees una revista y parece que te esta hablando el profesor más rancio que has tenido en el colegio. Y esto del rock -o como a cada uno le guste llamarlo- no es el colegio (¿o si?).

Así que la idea era hacer una mezcla de revista y fanzine, pillando lo mejor de cada mundo. La periodicidad, calidad de presentación y contenidos de una revista y la espontaneidad, pasión, buen humor, mala leche y frescura de un fanzine. Supongo que muchas revistas también partirían de estas premisas, pero el paso de los años no perdona: te fabrica una lustrosa barriga y hace caer tu pelo.

Sobre si la música es para mí solo una forma de evasión o algo equiparable a temas más serios…

La música y el software libre son dos de mis pasiones. La música, o bailar en un concierto, puede ser una forma de evasión, pero también son fines en si mismos. El software libre (junto a la existencia de un red mundial como Internet) es un asunto con una relevancia de proporciones inmensas, y todavía no le damos la importancia que merecen. Cualquiera que esté leyendo esta entrevista está usando software libre, aunque no lo sepa, porque Internet no existiría sin software libre.

En cierto modo el software libre es una revolución como lo fue la música en los años 60: nos trae libertad, nos permite participar en una comunidad, amplía nuestras miras, nos hace solidarios con nuestros semejantes…

Sobre el panorama musical actual y las descargas “indiscriminadas”…

Siempre he pensado que las “descargas indiscriminadas” pueden llegar a tener un efecto colateral deseable: que ya no sea rentable crear productos musicales artificiales alimentados por el marketing. La gente siempre va a tener necesidad de música, tanto los coleccionistas más concienzudos como mi prima que escucha cualquier cosa en la radio del coche de camino al trabajo. Si las estrellas mediáticas desaparecen, o se reducen, habrá más espacio para que otros artistas (que hacen música porque les va en la sangre, y la seguirán haciendo aunque se mueran de hambre) tengan más salida.

Al mismo tiempo en Internet están surgiendo y van a surgir herramientas que te ayudan a descubrir música. Dices uno o dos grupos que te gustan y tienes una emisora personalizada en base a los gustos de otras personas cercanas a ti. Last.fm, Pandora o MusicStrands? son algunos ejemplos. Y estas herramientas van a sustituir a los 40 Principales. Habrá más diversidad, y eso siempre es bueno. Cada uno podrá descubrir cosas más interesantes que las que puede descubrir ahora.

Las políticas restrictivas de las entidades de gestión solo conseguirán adelantar este proceso. Pero las capacidades de autopublicación, organización y acceso al contenido que proporciona la red van a facilitar el que si quieres hacer música la gente llegue a conocerte.

Por otro lado estoy radicalmente en contra del gratis total y de las personas que lo apoyan. Una cosa es criminalizar las descargas y su contraria apoyarlas sin condiciones. Son dos extremos igual de negativos. Me parece razonable un uso moderado del P2P?, pero no se puede educar a la gente en que pueden abrir el eMule y tener barra libre de todo sin ofrecer nada a cambio. Me parece igual de abobinable que la gente que compra en el Top Manta.

Conclusión: las grandes estrellas no tienen tanto sentido en un mundo en red, y eso favorecerá a los pequeños.

(o en otras palabras: la dichosa long tail)