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El otro día viajé a Sanlúcar de Barrameda. Nunca había tomado manzanilla. Su historia -solo se da en esta región por la confluencia del rio y el mar- hacen que su sabor resulte todavía más especial. La nevera está llena.

La arquitectura también encandila: las dimensiones -grandes- de las bodegas -muchas- situan en un contexto raro los clásicos patios andaluces. Un día desayunamos en El Corcho, al lado del mercado, vida, vidilla, vidorra, con una cantidad y pintaza de pescado que me hubiese quedado allí a dormir.

Pero dormimos en el Hotel Barrameda (11870). Igual lo podían haber llamado Hotel Sanlúcar.

Y de allí era la Duquesa Roja. Y allí siguen sus palacios y sus casas.