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Yo hice la cola para el iPad

O: yo también fuí un fanboy adolescente. O: el fanboy, nace o se hace?
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Siempre dije que nunca haría una cola a las puertas de una Apple Store, o si no lo dije, lo pensé. Me rio de los fanboys, y no hay nada que defina mejor a un fanboy que hacer una cola el día de un lanzamiento. Esto es lo que estaba pensando el pasado 3 de abril a las 7 de la mañana mientras salía de mi casa (temporal) en San Francisco para dirigirme a One Stockton St – si: la dirección de la Apple Store.

Hacia dias que había reservado mi iPad; mi plan era pasarme por allí y, si no había mucha cola, hacer un rato el fanboy y traérmelo a casa. Además de no verle mucho sentido al tema de hacer una cola exagerada, tenía que salir pitando para llegar sobre las 10.30 a las oficinas de Google en Mountain View, a una hora al sur de San Francisco, para asistir al WhereCamp.

Cuando llegué a las 7.30 la cola era razonable – asi que me quedé. Bueno, de hecho había dos colas: una para los que habiamos reservado y otra para los que no. Y ambas eran igual de largas: apenas unos 30 metros a esas horas – a quien se le ocurre venir a hacer la cola sin haber reservado? Un montón de empleados de Apple ya andaban por allí. Los muchos frikis, periodistas, y gente haciendo variada publicidad empezaron a llegar un poquito más tarde.

Cola para el iPad

A saber: joven asiática promocionando un zumo con burbujas en lata (la primera parte de mi desayuno), varios de Lonely Planet anunciando un concurso para dar a conocer sus nuevas apps para el iPad, y repartiendo bollos de canela y donuts; unos cuantos repartiendo de fliers de nuevos servicios web, fundas para el iPad con descuento si la comprabas ese mismo día, un tio con un soporte de plástico donde encajabas un iPhone y tenías una guitarra… Y varios más con desayuno, incluyendo a los de Apple que se hicieron con un carrito del Starbucks y un buen montón de cajas de donuts y recorrían amablemente la cola.

Periodista belga buscando belgas; otro de la revista Stern haciendo una serie de retratos; delante mío un chico australiando, uno inglés, dos japoneses… todos afirmaban, como yo, que “pasaban por alli”, y que el iPad no era el motivo exclusivo de su viaje.

Con tanto movimiento la espera se hizo entretenida y la emoción de tanto fanboy, profesional o no, se respiraba en el ambiente. De pronto ya solo quedaban unos minutos para las 9. La cola ya daba la vuelta a la esquina. El tráfico y la vida normal de las calles había comenzado. Empleados de Apple repasaban la cola para confirmar los nombres y el pedido de las reservas. El momento se acercaba.

9.01 según mi iPhone, cuya hora se sincroniza con los servidores de Apple: los gritos y aplausos en la zona delantera de la cola anuncian el momento. Pocos minutos mas tarde llega otra oleada de ovaciones: se trata del primer comprador saliendo con su trofeo. Los empleados de Apple están desplegados formando un pasillo en la entrada de la tienda, y son los encargados de calentar el ambiente, aplaudiendo y animando a los fanboys. Yo deseé que hubiese una puerta trasera, pero también tuve que pasar por el trámite cuando llegó mi momento.

Empleados-hooligans de Apple

Que llegó sobre las 9.15. En la puerta te preguntan el nombre, te presentan al que será tu vendedor, le das la mano como si te fueses a ir de cañas con él… Y al lío: le confirmas tu pedido, te ofrece todos los accesorios (no cogí ninguno), y te invita a abrir el cacharro y enseñarte todo lo que quieras. Yo pagué por las buenas ya que tenía que salir pitando, y cuando atravesaba el pasillo de salida traté de agachar la cabeza y pasar desapercibido para no destapar mi condición de fanboy circunstancial.

Y ya: los dos iPads que compré aguantaron en el maletero del coche hasta que llegué a casa por la noche y pude jugar con ellos. Aunque eso es otra historia… O al menos, otro post.

PS: post escrito desde mi iPad con la excelente aplicación de WordPress a troporrochientosmil metros de altura cruzando el Atlántico de vuelta a casa, mientras estoy sentado al lado de un chico con… si, otro iPad. Lo que me hace pensar que no seremos los únicos en este avión.